Reflexión al borde del fin de una década

Publicado en 1 el 23/08/2009 por Alfonso
El viajero contemplando un mar de nubes

El viajero contemplando un mar de nubes (1818) - Caspar Davi Friedrich

Nos puede parecer que la historia ya ha pasado. Si rememoramos las épocas de la historia de la humanidad, concluiremos que han sido superadas para siempre. Que hemos pasado página. Cada etapa histórica tiene sus propias características que las diferencian de las demás, y eso las hace únicas e irrepetibles. Las imágenes de aquellos sucesos lejanos parecerán idas para siempre; sean oscuras o iluminadas, míseras o prósperas, pacíficas o violentas.

Ahora bien, si reflexionamos sobre nuestro presente, no pensaremos lo mismo. Con el cambio de milenio, nos podía parecer que nos encontrábamos en una época culminante. Como si, después de un largo y difícil proceso, hubiésemos llegado a una isla de comodidad y felicidad garantizada. Y que esta crecería eternamente hacia la perfección. Y de la misma manera, podíamos pensar que todos los problemas que aquejaban al mundo iban de mal en peor. Pero no nos acercamos ni a la utopía ni a la distopía. No hemos llegado al final de nada.

Aún seguimos inmersos en una de esas épocas históricas. Seguimos avanzando y cada día trazamos nuevos caminos que no sabemos a donde nos llevarán. Que nos encontremos en el presente, no significa que estemos en el momento culminante de la Humanidad. Que seamos los últimos no significa que estemos en la cumbre o en el fondo del devenir humano. Todavía no lo hemos visto todo.

Al terminar la década de los 2000, los retos a los que se enfrenta la humanidad son cada vez más complicados y numerosos. Hemos mejorado y empeorado al mismo tiempo. We’ve never had it so good (nunca estuvimos tan bien), podemos pensar. Pero simultáneamente en muchos aspectos nunca tan mal. El pasado siglo XX es paradigmático en este aspecto. Por un lado tenemos los avances en medicina, la aparición de las nuevas tecnologías o los acuerdos en derechos humanos. Pero por otro lado dos guerras mundiales, genocidios y desigualdades extremas. Es la paradoja de nuestros tiempos.

¿Pero sólo de nuestros tiempos? La Historia de la humanidad siempre se ha caracterizado por estas contradicciones: momentos de bonanzas y crisis que se van repitiendo y alternando. Este fluir de movimientos va discurriendo a lo largo de la Historia. Y los individuos se dejan llevar o deciden desviar el curso de esa corriente. Pero seguiremos atrapados en ella. Es una corriente muy fuerte e incómoda. Y no siempre saldremos viva de ahí.

Caemos en el mundo, y pertenecemos a un inciso, a un fragmento en el discurrir de la Historia. Al estar el borde del presente no podemos alejarnos fácilmente para contemplar la vastedad del tiempo. Si no nos distanciamos, el mundo nos parecerá confuso y caótico, como salido de la nada. Debemos entender el proceso que nos ha llevado al mundo que nos ha tocado vivir.

Al leer los libros de historia vemos guerras, fiestas, pestes, revoluciones, imperios, hambre, gestas… Nos traen a la mente destellos de imágenes de ruinas y de fotos de hombres en blanco y negro. Los protagonistas de los viejos libros de historia nos parecen estatuas de piedra. Oímos los ecos de épocas pasadas, que no volverán jamás. ¿Pero quién nos asegura de que no las volveremos a ver? ¿Quién nos ha dado la certeza de que no se repetirán?

Ya llevamos la primera década del III milenio. Cosas que creíamos acabadas, que deberían haber sido petrificadas, aún siguen vivas. La guerra, la tortura, el hambre, el despotismo, la falta de respeto a las voluntades democráticas; todas siguen ahí, cada día en la portada del periódico. Algunas de estas han desaparecido de ciertas partes de planeta, pero aún siguen existiendo.

La Historia nos sorprende. Parece tener más imaginación que nosotros y continuamente nos da severos sacudones que nos dejan sorprendidos. La historia es llevada a cabo por los humanos y, como ellos mismos, es en parte impredecible. No caigamos en determinismos. No tenemos por qué infravalorar el azar.

Estudio Historia por vocación. Encuentro un placer estético en el hecho histórico. Me emociono cuando leo a Descartes o Plutarco, porque oigo la voz de alguien que existió muchos siglos antes de mí. Siento una nostalgia de un tiempo que nunca viví, cuando visito unas ruinas romanas. Pero no sólo es por gusto. Nos da perspectiva para afrontar los problemas y prepararnos para ellos. Nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, tanto a nivel social como individual.

Creo que esta reflexión se le puede aplicar a cada época histórica. He preferido no mencionar concretamente los problemas concretos que hemos visto y vivido. No quiero hacer referencia a temas que se han mantenido vigentes desde que somos humanos.

¿Como recordaremos la década de los primeros 2000? ¿Qué veremos en los próximos años? Allí estaremos para observar, comprender y actuar.

Cómo concentrarse en un mundo de distracciones

Publicado en Artículos, Estudio el 16/08/2009 por Alfonso

Copio un artículo aparecido el 4 de junio, en el suplemento de The New York Times que viene con El País. Trata sobre la dificultad que tienen nuestros cerebros para asimilar más de una actividad a la vez. Nuestra actual “sociedad de la información” nos expone a un exceso de estímulos,  que pueden tener resultados negativos en nuestras capacidades cognitivas.

Cómo concentrarse en un mundo de distracciones -  John Tierney

Imagínese que no ha cogido su ordenador portátil y ha apagado su teléfono inteligente. Está usted fuera del alcance de YouTube,Facebook,el correo electrónico, los mensajes de texto. Está en un taxi con una copia de Rapt, una guía de Winifred Gallagher sobre la ciencia de la concentración. El tema del libro, elegido por Gallagher tras descubrir que padecía un tipo de cáncer muy peligroso, está tomado del psicólogo William James: “Mi experiencia es aquello a lo que decido prestar atención”. Uno puede llevar una vida miserable obsesionándose con los problemas. Uno puede volverse loco tratando de hacer mil cosas y de responder a todos los correos electrónicos al instante.

O uno puede admitir que su cerebro tiene una capacidad limitada para procesar la información y alcanzar la satisfacción de lo que Gallagher llama la vida centrada. Puede sonar maravillosamente atractivo, excepto por el hecho de que, mientras está usted en el taxi leyendo acerca de la ciencia de la concentración, se da cuenta de que… no está prestando atención a nada de lo que dice el texto. La televisión del vehículo, que no puede apagarse, muestra un anuncio de un tipo en un taxi que trabaja con su portátil, y mientras parlotea sobre su nueva conexión inalámbrica que le permite ser tan productivo durante su viaje en taxi, usted no es capaz de hacer nada provechoso durante el suyo.

¿Por qué no es capaz de concentrarse en nada excepto en el deseo de hacerle callar? Y aunque salga huyendo del taxi, ¿queda ya algún refugio que realmente esté a salvo de la Era de la Distracción?

Le planteo estas preguntas a Gallagher y a uno de los expertos de su libro, Robert Desimone, un neurocientífico del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Él ha seguido el rastro de las ondas cerebrales de macacos y humanos mientras éstos contemplan pantallas de vídeo, en busca de ciertos patrones de transmisión de información.

Cuando aparece algo brillante o novedoso, tiende automáticamente a ganar la competición por la atención del cerebro, pero ese impulso involuntario puede anularse mediante un proceso que Desimone llama “competición parcial”. Él y sus compañeros han averiguado que las neuronas de la corteza prefrontal (el centro de planificación del cerebro) empieza a oscilar al unísono, originan ondas gamma y envían señales que hacen que la corteza visual ponga su atención en otra cosa.

Los neurocientíficos han empezado a trabajar en terapias destinadas a reforzar la atención. En la última edición de Nature, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Stanford, en California, informan de que han inducido ondas gamma en ratones enviando pulsos de luz láser a neuronas genéticamente modificadas a través de diminutas fibras ópticas. Desimone afirma que, en última instancia, esa terapia podría ayudar a personas con esquizofrenia y con problemas de déficit de atención (y podría tener menos efectos secundarios que los medicamentos).

Si pudiese llevarse a cabo con una luz de longitud de onda pequeña que penetrase en el cráneo, uno simplemente tendría que colocarse (o quitarse) un diminuto dispositivo inalámbrico que sería parecido a un audífono.

Gallagher cuenta que cuando supo lo difícil que era para el cerebro evitar prestar atención a los sonidos, empezó a llevar consigo tapones para los oídos. Dice que cuando uno está atrapado en un ruidoso vagón de metro o en un taxi con televisión, uno tiene que construirse su propio “escudo antiestímulos”.

Recomienda empezar la jornada laboral concentrándose en las tareas más importantes durante 90 minutos. En ese momento, la corteza prefrontal probablemente necesite un descanso, y uno puede responder el correo electrónico, devolver llamadas telefónicas y tomar un sorbo de cafeína (que afianza la atención) antes de centrarse de nuevo. Pero hasta ese primer descanso, no se distraigan con nada más porque, tras una interrupción, el cerebro puede tardar 20 minutos en llevar a cabo lo equivalente a un reinicio.

“La multiplicidad de tareas es un mito”, afirma Gallagher.

Y añade: “No es posible hacer dos cosas al mismo tiempo. El mecanismo por el que funciona la atención es la selección: o una cosa, o la otra”. Señala que se calcula que el cerebro humano medio puede procesar 173.000 millones de unidades de información en el transcurso de una vida.

“La gente no entiende que la atención es un recurso limitado, como el dinero”, dice. “¿Quiere usted invertir su dinero cognitivo en interminables recorridos por Twitter o Internet, o en apalancarse delante del televisor?

Gallagher dice que, durante su tratamiento contra el cáncer de hace unos años, consiguió mantenerse relativamente animada recordando la frase de James, y también una de Milton: “La mente es su propio lugar, y en sí misma / puede hacer un cielo del infierno, un infierno del cielo”.

“Cuando me despertaba”, relata Gallagher, “me preguntaba para mis adentros: ‘¿Quieres quedarte aquí tumbada, prestando atención a las muchas probabilidades que tienes de morir y dejar a tus hijos sin madre, o quieres levantarte, lavarte la cara y prestar atención a tu trabajo, tu familia y tus amigos? Infierno o cielo; es tu elección”.

Historiografía comparada de la Guerra Civil española (2)

Publicado en TDR el 30/07/2009 por Alfonso

1. Evolución de la historiografía en torno a la Guerra Civil

En este apartado se explicarán las diferentes historiografías sobre la Guerra Civil partiendo del libro del joven historiador Carlos José Márquez Cómo se ha escrito la Guerra Civil española.[1] Se pretende tener así una visión global de la evolución de las interpretaciones que se han hecho desde el mismo final de la guerra hasta nuestros días. Si no se indica lo contrario, todo la información ha sido obtenida de este libro.

1.1  Historiografía Franquista

Al terminar la Guerra Civil, el primer objetivo del régimen de Franco era legitimar su política, ya que no tenía otra justificación que el “derecho de conquista”. Había de demostrar que su manera de gobernar era la correcta y la única. A partir de esta idea, se empezó a desarrollar una historiografía que sería la oficial durante casi todo el franquismo.

La Guerra Civil, según la historiografía franquista a grandes rasgos, fue la batalla final (movimiento nacional) entre la España (el cristianismo occidental) y la “Antiespaña” (un complot internacional izquierdista, masón y judío con el único objetivo de acabar con el destino de España).

La primera y más importante obra es la Causa General. Publicado en 1940 y que consiste en una investigación judicial para demostrar la supuesta autenticidad de las cifras de muertos que dio a conocer la propaganda del bando franquista (entre 300.000 y 500.000) durante el “terror rojo”.  Según este ensayo, el terror no empezó en julio de 1936, sino mucho más atrás, en abril de 1931 con la llegada de una República amigable a la URSS, que dejó que el bolchevismo entrase en España y destruyese así la cristiandad y los valores occidentales. Todo esto era poyado por fotos y documentos que intentaban probar la idea de un régimen que sembró el terror entre sus ciudadanos.

Otra obra en esta línea es el Dictamen de la comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes en el 18 de julio de 1936. En éste se deslegitima a la República inmediatamente al considerarla salida de unas elecciones dudosas  al haberse hecho más valoración de los votos urbanos que de los rurales. Se dice allí que la Constitución de 1931 excluía a la mitad del pueblo español, puso en peligro la unidad de España con el estatuto catalán y además intentaba instaurar un régimen comunista. En lo que ambos, tanto la Causa General como el Dictamen coinciden es en la idea de la España y la “Antiespaña”.

Esta idea no era nueva, sino que surgió hacia la época de la Reconquista y consistía en lo siguiente: España, nación católica, tiene el destino secular de acabar con los poderes que la acechan. A lo largo de la historia, la “Antiespaña” ha tomado diferentes formas: moros, judíos, protestantes, masones, liberales, socialistas, anarquistas, comunistas; todos con un denominador común, su odio al Dios cristiano. La historia de España que se enseñó en el franquismo, obedecía a esta historiografía, llamada “historia imperial”.

En lo que respecta a la guerra de 1936 la historiografía franquista no la considera una guerra civil. En muchos escritos es mencionada cómo la “Segunda Guerra de Independencia”, al considerarse el combate final, donde una España cristiana atacada por los “subhumanos” rojos (separatistas y internacionalistas) lucharía al grito de “¡Viva España!” mientras los otros lo harían al grito de “¡Viva Rusia!”.

Con la llegada de los años cincuenta y la Guerra Fría, la instalación de puntos militares de los EEUU hizo que los franquistas se diesen cuenta que su lucha había tenido sentido. El discurso anticomunista de los EEUU era compartido por Franco y de esta manera deslegitimaba a la República y legitimizaba su régimen. Además el decir que una victoria republicana hubiese traído un régimen comunista, exculpaba absolutamente a Franco por haber salvado a España, y culpabilizaba absolutamente a la República. Esta fue una de las ideas que el régimen franquista mantuvo hasta su desmantelamiento.

Además de toda esta historiografía (que muchas veces no era más que simple propaganda) había también investigaciones de historiadores académicos que, dada las características represivas del régimen, apoyaron esta línea. El más importante fue Ricardo de la Cierva quien en sus numerosas publicaciones defiende a la Guerra Civil como una reacción defensiva de la derecha que estaba siendo atacada políticamente por las izquierdas y desde el mismo Pacto de San Sebastián en agosto de 1930. De la Cierva había sido jefe del departamento del gobierno que estaba ocupado de las cuestiones relativas a la Guerra Civil: la Sección de Estudios de la Guerra de España, creada en 1965 y perteneciente al Ministerio de Información y Turismo. Esta sección fue creada para contrarrestar las obras de temas políticos e historiográficos prohibidos por el régimen y que llegaban clandestinamente a España. Aquellas obras eran editadas por las Éditions Ruedo Ibérico, fundada en Francia por un exiliado cenetista, José Martínez Guerricabeitia.


[1] JOSÉ MARQUEZ, Carlos. Cómo se ha escrito la Guerra Civil española. Madrid. Lengua de Trapo. 2006.

Descartes

Publicado en Filosofía, Personajes el 30/07/2009 por Alfonso

Retrato

“El Discurso del Método” de René Descartes, me parece uno de los textos más inteligentes y estimulantes que he leído. Lo conocí en profundidad por primera vez en 2º de Bachillerato, en las clases de filosofía. Desde entonces me gusta repasarlo de vez en cuando. En esta entrada me gustaría decir lo que entiendo en algunos de sus pasajes. No pretendo hacer un análisis profundo del pensamiento del autor, sino escribir un comentario personal de algunos fragmentos. Intentaré resaltar algunos de los valores y principios que Descartes nos va sugiriendo a lo largo de su escrito. Empezaré por la primera parte: Consideraciones que atañen a las ciencias.

Apenas empezamos a leer, nos encontramos con una frase de extraordinaria honestidad:

El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él, que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, ni acostumbran a desear más del que tienen.

Todos nos creemos dotados de la mejor razón. Pero aún así, no acostumbramos juzgar esa razón. No nos cuestionamos si nuestra manera de pensar es la correcta. Solamente nos preguntamos si son correctos los argumentos que elegimos. No pensamos si el método que seguimos para escogerlos es el más adecuado.

Esta capacidad de razonar es común en todos los seres humanos, pero la manera en como decidimos emplearla es lo que nos hace diferentes. Pues no basta con tener la mente bien dispuesta, sino que lo principal es aplicarla bien. Esta parte me parece todo un manifiesto a favor de la igualdad del hombre. Las habilidades innatas no son lo más importante.

El mismo Descartes nos lo dice con humildad. Sus facultades son mediocres y ordinarias. Ya desearía tener el pensamiento tan ágil, o la imaginación tan nítida y precisa, o la memoria tan extensa o tan rápida como otros. Pero esto no importa, no es motivo para preocuparse. Ha encontrado una estrategia para mejorar su mente, un camino por el cual conducir sus pensamientos.

Este método fue elaborado después del difícil proceso de conocerse a sí mismo: un proyecto puramente personal con el que no pretende sentar cátedra. Decide explicárnoslo para que veamos como lo ha hecho él, pero no con el objetivo de adoctrinarnos, sino como una historia, o, si lo preferís, como una fábula.

Entre las cosas que me impresionan de este texto es la insaciable curiosidad de Descartes frente al conocimiento. En el Colegio de la Flèche, recibió una educación completísima con grandes maestros, que le permitió juzgar  a todos los demás y darse cuenta de que ninguna de las disciplinas existentes era capaza de saciar su avidez de sabiduría. Aunque todas las disciplinas le parecen interesantes, no duda en criticarlas una por una.

Entonces aquí llegamos a uno de los momentos más interesantes de “El Discurso del Método”. El filósofo, al darse cuenta de la futilidad del aprendizaje de los libros y de los maestros, abandona los estudios. Pero con el objetivo de estudiar el gran libro del mundo. La idea me parece hermosa: el mundo como una enorme enciclopedia llena de personajes e historias con vida propia.

Dediqué el resto de mi juventud a viajar, a ver cortes y ejércitos, a frecuentar gentes de diversos talantes y condiciones, a recoger diversas experiencias, a ponerme a prueba a mí mismo en las ocasiones que la fortuna me deparaba, y a reflexionar siempre sobre las cosas que me salían al paso de manera que pudiese sacar en ellas algún provecho.

Desde luego, Descartes eligió un momento realmente interesante para rondar por Europa: el comienzo de la Guerra de los Treinta Años. Y las cortes y ejércitos no eran para nada triviales: nada más y nada menos que las del Sacro Imperio Romano Germánico. Estuvo presente en la Batalla de la Montaña Blanca y en el asedio de La Rochelle. Sin duda una experiencia de lo más interesante. Además no deja de ser curioso que en la Europa del siglo XVII – una época de fanatismo religioso (católicos contra protestantes) y de crisis continuas (guerras y hambrunas) – un hombre sólo se dedique a la reflexión. Resulta fascinante oír a alguien de esa época decir:

…aprendí a no creer demasiado firmemente en nada de lo que hubiese sido persuadido sólo por el ejemplo y la costumbre.

Es una labor admirable y temeraria al mismo tiempo, propia de un individuo íntegro que no tiene miedo a ser él mismo.

Batalla de la Montaña Blanca - 1620

Batalla de la Montaña Blanca - 1620

Me parecía que podría encontrara mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace acerca de los asuntos que le importan, (…) que en los que lleva a cabo un hombre de letras en su gabinete sobre especulaciones que no producen ningún efecto ni tienen para él otra consecuencia que la de excitar, tal vez, su vanidad en tanto mayor medida cuanto más se alejen del sentido común, ya que habrá tenido que emplear tanto más ingenio y artificio en tratar de hacerlas verosímiles.

Otra lección de humildad. La imagen del filósofo especulando y complicándose (sin otro objetivo que aumentar su ego) es casi grotesca, en contraposición con la simple búsqueda de la verdad. Esta no es tarea fácil y a la larga empezamos a desconfiar de todo aquello que nos digan. Y aún más si esta búsqueda se realiza a base de verdades y pensamientos ajenos. Por eso una vez más nos vuelve a mencionar la importancia de estudiarse uno mismo correctamente, tanto con la experiencia como con nuestra propia consciencia.

“El Discurso del Método” de René Descartes, me parece uno de los textos más inteligentes y estimulantes que he leído. Lo conocí en profundidad por primera vez en 2º de Bachillerato, en las clases de filosofía. Desde entonces me gusta repasarlo de vez en cuando. En esta entrada me gustaría decir lo que entiendo en algunos de sus pasajes. No pretendo hacer un análisis profundo del pensamiento del autor, sino escribir un comentario personal de algunos fragmentos. Intentaré resaltar algunos de los valores y principios que Descartes nos va sugiriendo a lo largo de su escrito. Empezaré por la primera parte: Consideraciones que atañen a las ciencias.

Apenas empezamos a leer, nos encontramos con una frase de extraordinaria honestidad:

El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él, que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, ni acostumbran a desear más del que tienen.

Todos nos creemos dotados de la mejor razón. Pero aún así, no acostumbramos juzgar esa razón. No nos cuestionamos si nuestra manera de pensar es la correcta. Solamente nos cuestionamos si son correctos los argumentos que elegimos. No pensamos si el método que seguimos para escogerlos es el más adecuado.

Esta capacidad de razonar es común en todos los seres humanos, pero la manera en como decidimos emplearla es lo que nos hace diferentes. Pues no basta con tener la mente bien dispuesta, sino que lo principal es aplicarla bien. Esta parte me parece todo un manifiesto a favor de la igualdad del hombre. Las habilidades innatas no son lo más importante.

El mismo Descartes nos lo dice con humildad. Sus facultades son mediocres y ordinarias. Ya desearía tener el pensamiento tan ágil, o la imaginación tan nítida y precisa, o la memoria tan extensa o tan rápida como otros. Pero esto no importa, no es motivo para preocuparse. Ha encontrado una estrategia para mejorar su mente, un camino por el cual conducir sus pensamientos.

Este método fue elaborado después del difícil proceso de conocerse a sí mismo: un proyecto puramente personal con el que no pretende sentar cátedra. Decide explicárnoslo para que veamos como lo ha hecho él, pero no con el objetivo de adoctrinarnos, sino como una historia, o, si lo preferís, como una fábula.

Entre las cosas que me impresionan de este texto es la insaciable curiosidad de Descartes frente al conocimiento. En el Colegio de la Flèche, recibió una educación completísima con grandes maestros, que le permitió juzgar a todos los demás y darse cuenta de que ninguna de las disciplinas existentes era capaza de saciar su avidez de conocimiento. Aunque todas las disciplinas le parecen interesantes, no duda en criticarlas una por una.

Entonces aquí llegamos a uno de los momentos más interesantes de “El Discurso del Método”. El filósofo, al darse cuenta de la futilidad del aprendizaje de los libros y de los maestros, abandona los estudios. Pero con el objetivo de estudiar el gran libro del mundo. La idea me parece hermosa: el mundo como una enorme enciclopedia llena de personajes e historias con vida propia.

Dediqué el resto de mi juventud a viajar, a ver cortes y ejércitos, a frecuentar gentes de diversos talantes y condiciones, a recoger diversas experiencias, a ponerme a prueba a mí mismo en las ocasiones que la fortuna me deparaba, y a reflexionar siempre sobre las cosas que me salían al paso de manera que pudiese sacar en ellas algún provecho.

Desde luego, Descartes eligió un momento realmente interesante para rondar por Europa: el comienzo de la Guerra de los Treinta Años. Y las cortes y ejércitos no eran para nada triviales: nada más y nada menos que las del Sacro Imperio Romano Germánico. Estuvo presente en la Batalla de la Montaña Blanca y en el asedio de La Rochelle. Sin duda una experiencia de lo más interesante. Además no deja de ser curioso que en la Europa del siglo XVII – una época de fanatismo religioso (católicos contra protestantes) y de crisis continuas (guerras y hambrunas) – un hombre sólo se dedique a la reflexión. Resulta fascinante oír a alguien de esa época decir:

…aprendí a no creer demasiado firmemente en nada de lo que hubiese sido persuadido sólo por el ejemplo y la costumbre.

Es una labor admirable y temeraria al mismo tiempo, propia de un individuo íntegro que no tiene miedo a ser él mismo.

Me parecía que podría encontrara mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace acerca de los asuntos que le importan, (…) que en los que lleva a cabo un hombre de letras en su gabinete sobre especulaciones que no producen ningún efecto ni tienen para él otra consecuencia que la de excitar, tal vez, su vanidad en tanto mayor medida cuanto más se alejen del sentido común, ya que habrá tenido que emplear tanto más ingenio y artificio en tratar de hacerlas verosímiles.

Otra lección de humildad. La imagen del filósofo especulando y complicándose (sin otro objetivo que aumentar su ego) es casi grotesca, en contraposición con la simple búsqueda de la verdad. Esta no es tarea fácil y a la larga empezamos a desconfiar de todo aquello que nos digan. Y aún más si esta búsqueda se realiza a base de verdades y pensamientos ajenos. Por eso una vez más nos vuelve a mencionar la importancia de estudiarse uno mismo correctamente, tanto con la experiencia como con nuestra propia consciencia.

Historiografía comparada de la Guerra Civil española (1) – Introducción

Publicado en TDR el 07/04/2009 por Alfonso

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Estas entrada es la primera de una serie, en la que iré colgando por partes mi trabajo de investigación de 2º de Bachillerato, realizado durante el curso 2007-2008. Lo pongo a disposición pública para que pueda ser discutido.

Recientemente, durante la preparación de este trabajo de investigación, dos hechos de carácter histórico e historiográfico permitieron justificar las problemáticas que aquí se plantearán:

 

  1. En mayo de 2007 el polémico ensayista Pío Moa publicaba un libro llamado La quiebra de la historia progresista, como respuesta a las críticas a sus métodos y contenidos por parte del profesor de Ciencia Política, Alberto Reig Tapia en su libro llamado Anti-Moa.
  2. En diciembre de 2007, un militante de IU denunció a Moa porque “frente a las investigaciones rigurosas de verdaderos historiadores, los supuestos revisionistas señalan a los republicanos como causantes de la Guerra Civil y maquillan la represión franquista hasta hacerla parecer insignificante”.[1]

                                  
Ambos hechos evidencian que la República, la Guerra Civil española y el franquismo son tema de discusión que están aún muy presentes en la sociedad española. Para nadie es un secreto que las librerías, bibliotecas y demás escenarios mediáticos se nutren abundantemente de este material. Lo anterior se ha acrecentado con la política de la última legislatura que ha inaugurado el movimiento de la llamada Memoria Histórica[2] y el surgimiento de corrientes historiográficas contestatarias a estos movimientos reivindicativos. Todo pareciera indicar que el debate está abierto. Las posiciones están confrontadas y tanto los medios de comunicación como las academias y universidades son el espacio para este combate. Así entonces es posible clamar por la necesidad de una discusión seria y responsable para calibrar si estamos ante un verdadero debate histórico e historiográfico o frente a una discusión vacua.

Para entender la actual discusión que mantienen los historiadores y divulgadores sobre diferentes aspectos de la Guerra Civil española (y de la II República), es necesario revisar las diversas versiones que de este episodio han sido escritas. Esto es, una revisión historiográfica. Pero primero debemos aclarar los conceptos.

La historia y la historiografía son disciplinas diferentes pero relacionadas. La historia es entendida como una disciplina académica que forma parte de las ciencias humanas cuyo campo de conocimiento son los restos y vestigios del pasado.[3] Cuando uno de estos restos es tomado y utilizado por un historiador como parte de un argumento, se convierte en un hecho histórico. Entre uno de sus objetivos está el ayudar a la sociedad humana a comprender el presente[4] pero también arrojar luz sobre las condiciones que hicieron posible la existencia de tales hechos. Así pues estudiar un hecho de la Guerra Civil española nos puede informar sobre la naturaleza de esa sociedad para la década del 30 como para comprender cómo esos mismos hechos moldean algunas de las estructuras sociales y políticas de la actualidad.

La historiografía, según la segunda acepción del DRAE, significa: “Estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materias.”  La diferencia es que mientras la historia se ocupa de la realidad histórica, la historiografía se ocupa del conocimiento histórico.[5] Como se observa hacer historiografía es comparar las maneras como se han descrito los mismos hechos históricos.

 

El presente trabajo intenta no solo comparar los hechos históricos sino las maneras de describirlos, es decir, intentamos hacer una historiografía comparada. Por un lado historiadores de diversas nacionalidades – ingleses, franceses, norteamericanos y españoles – y de sólida formación académica han descrito el preludio a la Guerra Civil y sus consecuencias desde una óptica demo-liberal, sea conservadora o progresista, o con la metodología de las teorías marxistas. Por otro lado, un grupo mucho más reducido de ensayistas, escritores y polemistas – algunos con amplia presencia mediática – presentan los acontecimientos mencionados bajo una óptica que con el título de “revisionista” se autoproclama como portadora de un “chorro de aire fresco” frente al supuesto inmovilismo de historiografías académicas dominadas por lo “políticamente correcto”.

Ante esta confrontación, como se verá más adelante, presentaremos las posiciones historiográficas con mayor detalle y las evaluaremos utilizando hechos históricos precisos. Así podremos calibrar el cómo una situación precisa en tiempo y espacio – como pudieran ser las motivaciones del 18 de julio – se nos muestra en un amplio abanico de interpretaciones. Ofreceremos los hechos, las interpretaciones y nuestro análisis comparativo.

Nos animan a la realización de este trabajo de historiografía comparada las constantes dudas que en jóvenes de cierta edad – como quien aquí escribe –  dificultan el proceso de formación de un criterio y una orientación política, que le permitan  diferenciar entre quién dice la verdad, quién dice falsedades, cuál es el balance de las visiones que hay sobre lo que nos empujó a una Guerra Civil y sus consecuencias, para poder así, definitivamente, sacar conclusiones y encontrar una mejor manera de abordar la historia.

[1]Manifiesto de apoyo a la denuncia contra Pío Moa  http://tercerainformacion.es/3i/article2726.html

[2] El gobierno de J.L Rodríguez Zapatero ha construido un cuerpo legal para reivindicar el papel de aquellos que fueron perjudicados durante la Guerra Civil y el franquismo, en especial las víctimas inocentes y sobretodo, los grupos reprimidos durante la etapa franquista.

[3] MORADIELLOS, Enrique. El oficio de historiador. Madrid. Siglo Veintiuno Editores. 2003. pp. 15-16

[4] EVANS, Richard  “Qué es la historia – Ahora” dentro de CANNADINE, David (coord), Qué es la historia. Granada. Alameda. 2005. pp. 21-23

[5] Diccionario de Filosofía. México D.F. Fondo de Cultura Económica. 1961. p.617


Presentación

Publicado en Metatexto el 02/04/2009 por Alfonso

Para pensar bien, hay que escribir bien. Porque durante la escritura las ideas vagas que rondan por la mente, se condensan en palabras concretas. Y entonces es cuando el pensamiento toma su verdadera forma. Escribir es la sublimación del pensar.
Esto no se consigue sólo con saber la teoría. Al parecer se necesita práctica. Así que este blog perdido entre otros millones sólo empieza con la intención de compartir esta necesidad.

Sólo lo escrito perdura, así que de esta manera, abro este pequeño espacio con una pequeña motivación: esforzarme en comunicar aquello que sienta necesario dejar escrito.

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